Los Alrededores
El occidente de Asturias es el paraíso por descubrir y el valle del Navia una de sus joyas más preciadas. Aquí podrán conocer la historia de la cultura castreña, la huella de los romanos, las casas palacio, o el patrimonio industrial que legó la construcción de la presa de Salime, con su impresionante teleférico y los poblados de obreros, de entre los cuales A Paicega les dejará sin palabras.
Boal es un concejo de profundos valles y hermosas montañas, siendo la capital, a los pies de la sierra de Penouta (impresionantes vistas y túmulos funerarios de milenios atrás), una visita que deja huella. La hospitalidad de sus gentes hará que su visita sea muy agradable y la gastronomía de sus establecimientos dejarán un inolvidable sabor de boca.
La villa de Boal ha tenido siempre una situación estratégica privilegiada al estar en la encrucijada natural entre los valles del Navia y del Porcía.
En la evolución de la Villa se diferencian, por su arquitectura, tres etapas cronológicas: la parte alta, el Boal de Arriba, es la más antigua, como atestigua el trazado irregular de sus callejas y la presencia de antiguas casonas solariegas; la parte central, de época decimonónica, se articula entorno a la iglesia de Santiago (1834-1837) y el ayuntamiento y abarca buena parte de los establecimientos comerciales y hosteleros; por último, Boal de Abajo, con su Milla Indiana, bautizada así por el fotógrafo Alejandro Braña, maravillado al descubrir cómo “en apenas una milla hay al menos 18 casas levantadas con el dinero americano entre 1910 y 1925”.
La cultura y la historia se dan cita en el concejo de Boal a través no solo de este patrimonio sino de cinco museos en los que profundizar en aspectos relevantes de esta tierra: el Museo de la Miel, en Los Mazos, el Centro de Interpretación de la Artesanía del Hierro, en Rozadas, el Centro de Interpretación de la Emigración e Instrucción Pública, en San Luis, el Centro de Interpretación del Lavadero en Boal y la Colección Museográfica de Rozadas.
La Casa del Abuelo Justo es ideal para acercarse a visitar numerosas muestras de la ocupación de los primeros pobladores de estos territorios: el Castro del Chao Samartín, con su espectacular villa romana, descubierta hace unos años y un museo único, los túneles romanos de Penafurada, los túmulos del Canadeiro (conjunto de seis estructuras funerarias neolíticas próximas a Xestoselo), los petroglifos de la Xorenga (conjunto rupestre de la Edad del Bronce), la Cova del Demo y sus grabados prehistóricos, el Castro de El Castelón (Illano) y el de San Isidro.
El Dolmen de Entrerríos con sus cinco túmulos con más de cinco o seis mil años de historia, el Penedo Aballón en la sierra de Penouta (y sus túmulos funerarios), los ya citados castros de Pendia y Coaña (este último con una renovada Aula Didáctica), el Castro de Mohías, con su acueducto romano, la famosa y enigmática Estela Discoidea de Coaña, As Cova d’Andía (declaradas Monumento Natural) y el Castro de Cabo Blanco, ambos en el concejo de El Franco, el Castro de El Esteiro en Tapia de Casariego...
No acaban aquí las propuestas y opciones para descubrir el occidente asturiano, pues existen numerosas áreas recreativas y miradores desde los que dejar que la mirada se llene de belleza y recuerdos: las áreas recreativas de Llaviada, Penouta, la del Puente de Castrillón, los miradores de Penouta (desde donde divisar el mar y las montañas en comunión plena), el mirador del Castro de Pendia, el mirador de Bustabernego y el del Pico Jarrio...
Y rutas, claro está, estamos en Asturias y podemos caminar por rincones de ensueño en recorridos como la Ruta de los Castros, la Ruta de Penouta, la Ruta de Froseira y Cova del Demo, la Ruta de los Miradores del Navia, la Ruta a las Cascadas de Oneta, la senda de la Costa Naviega…
El embalse de Doiras, navegable en verano desde hace poco tiempo, el Palacio de Prelo, el Museo Etnográfico de Grandas de Salime, el poblado de A Paicega, con su ya famosa “ventana más bonita de Asturias” y esa iglesia recién restaurada, así como los pueblos medievales de Argul y San Esteban de los Buitres (con un espectacular mirador sobre los meandros del Navia), entre muchas otras maravillas que están esperándoles.
BOAL: la capital
Boal es un sueño, una villa
Boal es el Sueño Indiano, una localidad con un patrimonio que no dejará indiferente a nadie. Cerca de una veintena de casonas indianas jalonan su famosa Milla Indiana, un paseo que finaliza con esa pareja de baile que suponen Villa Anita y Quinta Modesta.
El dinero aportado por quienes emigraron al otro lado del Atlántico, mayoritariamente a Cuba, se percibe en numerosos hitos que hay que admirar. La bienvenida a Boal no podría ser más monumental, con el imponente edificio de las Escuelas Graduadas, inauguradas en septiembre de 1934, ejemplo paradigmático de la importancia que aquellos boaleses concedían a la educación de las futuras generaciones, y buque insignia de las más de veinte escuelas que fundaron en tantos otros pueblos del concejo para mejorar la formación de la infancia.
El lavadero de Boal, fruto de una preciosa historia de amor, construido en 1928 gracias al impulso económico del indiano José Sánchez, acoge un Centro de Interpretación y es un remanso de paz, además de sorprender por sus grandes dimensiones.
La plaza de la iglesia está rodeada por edificios tradicionales, y si uno camina por las calles de Boal seguirá encontrándose casas promovidas por indianos y otras que, sin serlo, rezuman historia y belleza.
El edifico que alberga el Ayuntamiento data de 1841 y el Parque de los Emigrantes posee un grupo escultórico creado por el artista Amado González Hevia, conocido popularmente como “Favila”, para recordar aquel adiós que las familias daban a quienes debían dejarlo todo y cruzar el ancho océano. Se basa en una fotografía real, de 1909, tomada por Pelayo Infante y titulada “Pa la Bana” y fue inaugurado en 2012, dos años antes de que Boal recibiese el reconocimiento como Pueblo Ejemplar de Asturias 2014.